
Noche de viernes sin nada que hacer al día siguiente, gran oportunidad para dejar olvidar al corazón y digamos tratar, si los astros lo permiten, de encontrar aquella señorita que me devuelva el sueño que otra me quitó de un zarpazo, razón por la cual escribo como secretario del poder judicial casi una entrada diaria a éste blog de los sufrientes del corazón, el hígado y el pulmón.
Para comenzar la noche decidí pasar por la casa de un amigo, quien celebraba su cumpleaños, a saludar. Primer problema no tenía la más p..a idea de donde quedaba la casa, pedirle la dirección al loquito por nextel era como pedirle clases de oratoria al cholo Toledo, nunca tanto mejor un mapa; felizmente llego el salvador de Hans y pasó recogiéndome de una esquina sanborjina para llegar a la morada del cumpleañero con militar puntualidad , fuimos recibidos con sendos vasos de cerveza y ron para iniciar charlas con patas que no veía hace años y sus flamantes enamoradas y en algunos casos novias y esposas. Para no pasar roche Hans (ese es el nombre del H), Antonio (otro amigo solterón) y Yo nos escondimos en nuestro rincón bromeando sobre lo que a nuestro parecer debía pasar en ésta gran noche de viernes y llenando el organismo de aquella bebida que nos haría ponernos picarones y desvirtuar el sentido de la vista por si acaso las chicas de la disco sean buena gente y de belleza interior…
Luego de habernos puesto en onda, llego el momento de la partida: Tres automóviles para seis personas, la dirección era única: aquel lugar de cercanía al mar denominado “Drama” y todo lo que ofrecía esa noche (empezando por entrar gratis), y cantando lo que sería el himno de la noche: “Pues es viernes sangriento, pues sus casas dejaron, buscan unas muchachas, están embalados en tragos”.
La primera preocupación fue tratar de alcanzar a Antonio y sus 130 Km/h en la via expresa lo cual hacía que la aguja del tanque de combustible del Max 5 de Hans baje proporcionalmente a lo que subía el velocímetro. Segundo problema buscar ubicación, haciendole caso al señor de gorrita que cuidaba nos estacionamos en una de las márgenes de la costa verde.... algo iba a pasar.
Comunicación con el de seguridad de la entrada, que si, que no, que esperate un toque, que como estás, que está lleno; cuando en eso vemos pasar un auto como una centella, luego una quemada de llanta de fórmula uno, y por último el estruendo del golpe contra el carro a Antonio; siguiente escena seis tipos corriendo por la costa verde al rescate... no del borracho que se estampó con el carro de mi pata sino del pobre auto de jatito (Antonio) que quedó sin un faro y un la popa abollada. Tercera escena negociaciones con el negligente conductor alcoholizado del vehículo infractor (por coicidencia resultó ser miembro de una institución del orden público) quien al final no sólo le malogró la noche a mi buen amigo sino a los otros cinco cazadores que veían como su nivel de entusiasmo disminuía con los minutos gracias a la bilis y el frio reinante en la pista. Al final logramos ingresar casi rabiando al bendito sitio en cuestión a las 0200, con Hans y Yo con un único propósiton y misión: Sacarnos un clavo que teníamos clavado en la médula (traspasó el bobo). Pero para que eso sucediera habían dos cosas previas: Que al entrar nos encontraramos con una mar de princesas y no con las bellezas exóticas que nos encontramos, ya que el embellecedor había perdido su efecto hacía ya un rato; o que por lo menos la iluminación del local sea lo bastante mala como para engañarle a mi nervio óptico, lo cual tampoco sucedió.
Como conclusión Starsky y Hutch (tienen que ver el carro de Hans) terminaron con un aburrimiento de campeonato recordando en el camino aquella canción que cantábamos antes de llegar a nuestro destino final, al final la única sangre que vimos ese día fue la del auto del año de Antonio que aún no sé cuando volverá a las pistas a colaborar con los pie andantes como yo que tienen que esperar a ver quien los lleve a discotequear. El primer intento de olvidar fue un fracaso, algo me dice que esto va a tomar más trabajo de lo que esperaba, si alguien tiene alguna idea sírvase compartirla conmigo. Hoy es sábado y creo que en la noche me puede dar fiebre, Hans habla vao??
Para comenzar la noche decidí pasar por la casa de un amigo, quien celebraba su cumpleaños, a saludar. Primer problema no tenía la más p..a idea de donde quedaba la casa, pedirle la dirección al loquito por nextel era como pedirle clases de oratoria al cholo Toledo, nunca tanto mejor un mapa; felizmente llego el salvador de Hans y pasó recogiéndome de una esquina sanborjina para llegar a la morada del cumpleañero con militar puntualidad , fuimos recibidos con sendos vasos de cerveza y ron para iniciar charlas con patas que no veía hace años y sus flamantes enamoradas y en algunos casos novias y esposas. Para no pasar roche Hans (ese es el nombre del H), Antonio (otro amigo solterón) y Yo nos escondimos en nuestro rincón bromeando sobre lo que a nuestro parecer debía pasar en ésta gran noche de viernes y llenando el organismo de aquella bebida que nos haría ponernos picarones y desvirtuar el sentido de la vista por si acaso las chicas de la disco sean buena gente y de belleza interior…
Luego de habernos puesto en onda, llego el momento de la partida: Tres automóviles para seis personas, la dirección era única: aquel lugar de cercanía al mar denominado “Drama” y todo lo que ofrecía esa noche (empezando por entrar gratis), y cantando lo que sería el himno de la noche: “Pues es viernes sangriento, pues sus casas dejaron, buscan unas muchachas, están embalados en tragos”.
La primera preocupación fue tratar de alcanzar a Antonio y sus 130 Km/h en la via expresa lo cual hacía que la aguja del tanque de combustible del Max 5 de Hans baje proporcionalmente a lo que subía el velocímetro. Segundo problema buscar ubicación, haciendole caso al señor de gorrita que cuidaba nos estacionamos en una de las márgenes de la costa verde.... algo iba a pasar.
Comunicación con el de seguridad de la entrada, que si, que no, que esperate un toque, que como estás, que está lleno; cuando en eso vemos pasar un auto como una centella, luego una quemada de llanta de fórmula uno, y por último el estruendo del golpe contra el carro a Antonio; siguiente escena seis tipos corriendo por la costa verde al rescate... no del borracho que se estampó con el carro de mi pata sino del pobre auto de jatito (Antonio) que quedó sin un faro y un la popa abollada. Tercera escena negociaciones con el negligente conductor alcoholizado del vehículo infractor (por coicidencia resultó ser miembro de una institución del orden público) quien al final no sólo le malogró la noche a mi buen amigo sino a los otros cinco cazadores que veían como su nivel de entusiasmo disminuía con los minutos gracias a la bilis y el frio reinante en la pista. Al final logramos ingresar casi rabiando al bendito sitio en cuestión a las 0200, con Hans y Yo con un único propósiton y misión: Sacarnos un clavo que teníamos clavado en la médula (traspasó el bobo). Pero para que eso sucediera habían dos cosas previas: Que al entrar nos encontraramos con una mar de princesas y no con las bellezas exóticas que nos encontramos, ya que el embellecedor había perdido su efecto hacía ya un rato; o que por lo menos la iluminación del local sea lo bastante mala como para engañarle a mi nervio óptico, lo cual tampoco sucedió.
Como conclusión Starsky y Hutch (tienen que ver el carro de Hans) terminaron con un aburrimiento de campeonato recordando en el camino aquella canción que cantábamos antes de llegar a nuestro destino final, al final la única sangre que vimos ese día fue la del auto del año de Antonio que aún no sé cuando volverá a las pistas a colaborar con los pie andantes como yo que tienen que esperar a ver quien los lleve a discotequear. El primer intento de olvidar fue un fracaso, algo me dice que esto va a tomar más trabajo de lo que esperaba, si alguien tiene alguna idea sírvase compartirla conmigo. Hoy es sábado y creo que en la noche me puede dar fiebre, Hans habla vao??

No hay comentarios:
Publicar un comentario