
Empecemos por detallar que esto no es ninguna alegoría a la canción de Arjona ni mucho menos, tampoco un denso compendio de filosofía o protesta en pos de la paz mundial; simplemente el título viene a representar en pocas palabras el contraste sufrido por el suscrito el último fin de semana… sin ofender, vuelvo a repetir, a los habitantes de tal pujante zona de nuestra capital.
Todo empezó el mismo día que saqué la cabeza fuera del agua (por decirlo de alguna manera) luego de haber pasado la primavera americana rompiéndome el ojo con centenares de bellezas californianas e ingiriendo Jack’s and Coke hasta que mi inglés terminara como el de tongo cantando la pituca. Bueno pues ese día me ofrecieron, así como a Abraham, llevarme a la “tierra prometida”; a un lugar lleno de bellezas exóticas donde no iba a ser necesario hacer uso de las artes heredadas de generaciones de descendientes de Adán para conquistar alguna damisela, ni gastar cuantiosas sumas de dinero para contrarrestar la ausencia de belleza y el exceso de luz a punta de trago.
Ahí había quedado relegado el ofrecimiento por varios días hasta que el jueves en la noche recibí la llamada de “emergencia” del buen Carlitos reavivando el ofrecimiento de tomar la panamericana hacia el otro lado y comprobar todo lo dicho hasta ese entonces del consagrado boulevard!
Paso a relatar las escenas ocurridas en tal fecha hasta donde fueron aptas para todo público: Media hora congelándome en Plaza San Miguel esperando a Carlos quien se tomaba unas cervecitas para ir perdiendo los sentidos temprano… una vez dentro del carro terminé dándome cuenta que mi querido secuaz conocía bastante bien la ruta a pesar de su insistencia en afirmar que nunca había pisado la zona, incluyendo de paso rutas alternas con nombre completo de calles y avenidas …angelica gamarra de león Velarde no loco?
Estacionamiento gratis, 20 lucas la entrada al VIP (donde estábamos solos), botella de whisky para sentirnos en aura y una buena dosis de autoestima directa al ego… y “lo que pasó pasó”…conclusión hubieron algunos que llegaron tarde a casa, otros como yo terminamos durmiendo en las lujosas habitaciones de nuestro segundo hogar naval para un laaargo sábado abordo.
No puedo decir que fue la mejor noche de mi vida ya que al tomar la panamericana en sentido contrario el domingo (otro día cuento lo de mamacona con detalles) quedamos muy de acuerdo con Rafaella Carrá, y aunque para variar la cara no nos ayudó para comprobarlo, vale la pena intentarlo otra vez. Y si la autoestima se nos baja pues siempre el boulevardtllama.
Todo empezó el mismo día que saqué la cabeza fuera del agua (por decirlo de alguna manera) luego de haber pasado la primavera americana rompiéndome el ojo con centenares de bellezas californianas e ingiriendo Jack’s and Coke hasta que mi inglés terminara como el de tongo cantando la pituca. Bueno pues ese día me ofrecieron, así como a Abraham, llevarme a la “tierra prometida”; a un lugar lleno de bellezas exóticas donde no iba a ser necesario hacer uso de las artes heredadas de generaciones de descendientes de Adán para conquistar alguna damisela, ni gastar cuantiosas sumas de dinero para contrarrestar la ausencia de belleza y el exceso de luz a punta de trago.
Ahí había quedado relegado el ofrecimiento por varios días hasta que el jueves en la noche recibí la llamada de “emergencia” del buen Carlitos reavivando el ofrecimiento de tomar la panamericana hacia el otro lado y comprobar todo lo dicho hasta ese entonces del consagrado boulevard!
Paso a relatar las escenas ocurridas en tal fecha hasta donde fueron aptas para todo público: Media hora congelándome en Plaza San Miguel esperando a Carlos quien se tomaba unas cervecitas para ir perdiendo los sentidos temprano… una vez dentro del carro terminé dándome cuenta que mi querido secuaz conocía bastante bien la ruta a pesar de su insistencia en afirmar que nunca había pisado la zona, incluyendo de paso rutas alternas con nombre completo de calles y avenidas …angelica gamarra de león Velarde no loco?
Estacionamiento gratis, 20 lucas la entrada al VIP (donde estábamos solos), botella de whisky para sentirnos en aura y una buena dosis de autoestima directa al ego… y “lo que pasó pasó”…conclusión hubieron algunos que llegaron tarde a casa, otros como yo terminamos durmiendo en las lujosas habitaciones de nuestro segundo hogar naval para un laaargo sábado abordo.
No puedo decir que fue la mejor noche de mi vida ya que al tomar la panamericana en sentido contrario el domingo (otro día cuento lo de mamacona con detalles) quedamos muy de acuerdo con Rafaella Carrá, y aunque para variar la cara no nos ayudó para comprobarlo, vale la pena intentarlo otra vez. Y si la autoestima se nos baja pues siempre el boulevardtllama.

